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BICIS ATRAEN MAS BICIS - PARTE 1

BICIS ATRAEN MÁS BICIS

PARTE 1

Por. @MujeresBicibles

 

 “Se respira mejor. De nuevo se han hecho perceptibles el perfume de los castaños en primavera y el de las castañas asadas en otoño, al igual que los demás olores que, sin darnos cuenta, nos habíamos acostumbrado a no sentir. Hemos recobrado el aroma de las flores, de las frutas, de los mariscos y los pescados en los puestos de los mercados, de la ropa blanca recién lavada o del agua de Colonia, y hasta el del aire mismo que, desde hace un tiempo, ha adquirido un deje a fruta roja y que muchos se aplican a aspirar a todo pulmón para desintoxicarse”, escribe Marc Augé en “Elogio de la bicicleta”. Suena bien, ¿verdad? Sin embargo, es una descripción intangible para nuestras ciudades y nuestros días.

 

¿Algunas vez has percibido algunos de los olores de las cosas de la ciudad? ¿Huele el aire a aire limpio? ¿El verde de los árboles está libre de toda huella de carbono? ¿Es natural tanto cemento? Tal vez no. Aquella narración de Augé parece aludir a un lugar del mundo inimaginable y utópico, una ciudad humana y humanizada, quizás la ciudad de las bicicletas. Nosotros no, nosotros vivimos sumergidos en la ciudad hollín, la ciudad cemento, la ciudad motor. La ciudadanía ha perdido toda capacidad de olfato, toda emoción sensorial del transcurrir de la vida en lo natural del mundo. La contaminación del aire, el abuso del espacio público, la poca atención a la belleza que nos rodea, esa insistencia de la modernidad de hacer del tiempo, oro y de ir rápido y furiosos, porque no se vale llegar tarde, toca llegar primero, y respetar las leyes de la jungla donde el pez grande se come al pez más pequeño… ¡Qué agobio! La realidad de la ciudad actual ha desnaturalizado esa habilidad humana de procurarnos el movimiento autónomo, la capacidad de tener control de nuestra vida, de decidir cómo movernos, qué comer, por dónde transitar, según un criterio propio y no ha imposiciones sistémicas. Y mientras escribo esto, huele a smoke y los humanos parecemos a estorbar entre tanto carro.

 

Calma. Todavía hay opciones. Una promesa de felicidad. Una máquina muy accesible. Ella nos devuelve el tiempo y el espacio. Cualquiera puede comprar una. O prestarla. No es tan novedosa, porque cumple doscientos años de presencia en nuestro planeta. Una posibilidad para darle otra cara a la ciudad, para resarcir el daño. Dicen que es una alternativa, y la han definido como una “alternativa de transporte”, sin embargo, ella puede hacer de la movilidad un ejercicio limpio, activo y sostenible. Y tiene efecto de atracción: atrae a otras, como ella y se juntan y crea comunidad, una comunidad híbrida, pero humana. Bicicleta, cicla, chiva, rila, ticla, bicla, cleta, baika, zaica, birula, cleta, muca, burra, caballito de acero, camella, huesuda, chiva, chancha, torito, magrela, camelo, trole vélo, bicyclette, bicicletta, bike, bicycle o simplemente bici. Esa es. Y las bicis atraen más bicis.

 

Varias cosas se han dicho sobre los beneficios que tiene animar el uso urbano de la bicicleta e invertir en cicloinfraestructura: promover estilos de vida bajos en carbono, disminuir la congestión vehicular, reducir tiempos de viaje, favorecer los encuentros ciudadanos, evitar el exceso humo y ruido, mejorar la salud de las personas, promover la equidad[1], solo por mencionar algunos de los beneficios. Discursos sobre la estética de las ciudades, la mitigación a la contaminación del aire y el uso racional del espacio público, son solo tres aspectos que vale la pena destacar en relación al uso urbano de la bicicleta y que, de manera directa, inciden en cambiar los paradigmas sobre el tipo de ciudades que queremos: una para los carros o una para las personas. La implementación de cicloinfraestructura y el desarrollo de un nuevo paradigma de movilidad limpia, cambiará radicalmente el paisaje urbano de Bucaramanga.

 

¿En qué ciudad quieres vivir?



[1] Cómo impulsar el ciclismo urbano. Recomendaciones para las instituciones de América Latina y el Caribe. Página 6. Bid. Universidad de los Andes. 2017